Llevas caminando a través de las calles de una población bastante tranquila, recuerdas el lugar al que te dirigías, la afamada taberna del Laud Roto; escuchaste la fama de que se cuentan historias de toda clase y ciertamente, no podías perderte tal oportunidad.Abriste tu mapa una vez más, comprobando que era el lugar correcto, el pueblo indicado.

Si, era el lugar indicado. No te habías perdido ya que las yermas tierras de la península mayor del reino de Ilicia, eran poca cosa, aquel lugar había sido asediado por guerras cruentas y un uso de magia tan excesivo que la misma tierra había sufrido las consecuencias de ello.El paisaje por tanto era desolador, pero en cierto sentido relajante, como si una calma eterna se pudiese respirar bajo los copos de nieve.

Te adentras en el pueblo, la gente no sale a la calle. Parece una villa fantasmagórica, era evidente llegados a este punto que las mellas de la guerra y el clima de la estación reina, no dejan que la diversión salga más allá de las cuatro paredes de cada edificio.Un viandante aparece de pronto, te saluda con una mano y menciona:"Si va a salir del pueblo, procura no ir hacia el Norte. Por su propio bien."La advertencia fue algo que levantó sospechas, probablemente pensarías que era un consejo como otro cualquiera. Pero mientras te olvidabas de ese consejo, ante ti apareció una taberna de gran tamaño, casi como un pequeño auditorio o teatro.Encima de la puerta, un gran cartel con un modesto dibujo de un laúd partido en dos, demostrando que efectivamente, era el lugar que habías estado buscando.Tomaste el pomo de la puerta y...

Una vez dentro, te das cuenta de por qué la tasca recibe el nombre que porta en el letrero; definitivamente, la cantidad de bardos del lugar no es la típica que cabría topar en un lugar tan desolador. Y no precisamente todos poseían laúd, algunos portaban instrumentos exóticos como la cítara y todavía más extravagantes; algunos portaban vestimentas pomposas, otros eran más modestos y alguno hasta poseía una rata negra como la noche misma.Sin embargo, tu llegada fue bien recibida."Tira una mo~neda al bruj—"Antes de que uno de los bardos fuese a cantar una canción para ti, fue interpelado por sus compañeros de profesión."Ni se te ocurra repetir esa misma canción por decimo cuarta vez, Oswaldo, que sea el último intento de hoy."Situación extraña pero cómica como poca te has hallado nada más llegar, sin embargo, el mismo que le soltó su riña a Oswaldo, ahora se dirige a ti con sumo interés, como si fueses una especie de animal salvaje al que quiere conocer."Dime criatura... ¿has venido buscando canciones?"

Ignoró tu respuesta, el bardo se reía y todos se animaban, pronto se dirigió hacia ti con una sonrisa de satisfacción en su deforme rostro."¡Claro que has venido buscando canciones! ¿Para qué si no, ibas a venir al Laúd Roto si no?"La gente empezó a rodear la escena donde tú eras la parte opuesta al espectáculo principal, muchos de ellos sacando instrumentos en mano para acompañar."Esta es sin duda, una historia aterradora e inspiradora al mismo tiempo, ¡pues todos conocen la historia del gran héroe de Ilicia, el mismo que atemorizaba a sus enemigos y a sus aliados por igual, ¡venga, todos juntos!"


“Héroe para su pueblo,
oh, ven, ven gran guerrero
brinda tu espada,
vuestro espíritu fiero
Los mil tajos,
las mil puñaladas
asestas a destajo,
muy bien dadas.
oh, ven, ven despiadado
no los dejarás vivos,
ni uno, el más mínimo,
descanso no hallas,
solo tiempo de guerra,
sangre y batallas.
Héroe del pueblo,
héroe guerrero,
brindanos hoy
vuestro espíritu fiero.
retoza en sangre,
entrañas y huesos
tú que disfrutas
cual vil carnicero.
partes en dos
y haces un quiebro,
enemigo que te ve,
pobre, ya está muerto.
A él lo llamaban
el de los mil tajos
y las mil puñaladas
que sabes bien darlas
porque las das bien dadas
oh, ven, ven de vuelta
pero líbranos de vos,
de vuestra furia
la indiscriminada.”

"Venga, que no se diga que no estamos generosos, sigamos con al leyenda del héroe de Ilicia, pero esta vez, ¡sobre su última y gloriosa cacería!"


“Criatura chica, criatura
creación anodina
belleza cerúlea
cuasi divina
dragón,
huye lejos
ve al norte, pues
el héroe de Ilicia al acecho
corto es tu tiempo, margen estrecho
las arenas del reloj no son eternas,
empujadas por su vil empeño son,
de vuestro verdugo las piernas
de la muerte, las cadenas
condena,
con gran pena
a vos os llega pronta,
es tal el fin que afrontas.”


Emocionados, la música continuó por su propia cuenta, pensando que había acabado todo aquello. Sin embargo, lejos de la realidad, había un bardo ahí que tenía algo más que cantar."Si me permitís, me gustaría recordar una canción que habla sobre ese mismo lugar donde nuestro héroe cazó al dragón, tal vez hoy se calmen las ventiscas si cantamos en honor al páramo."Otro de los bardos asintió, preparando pues los instrumentos de acompañamiento.

“Blancas tierras, otrora pobladas
magia, guerra, muerte y sangre
mancillas, rotas y destrozadas.
Portáis la magia, dejáis el velo
una vez dentro, despedíos
congelas la sangre,
adiós a vuestra alma.
Quien aquí llegó,
emprenderá vuelo
pues tú que reclamas,
que rompes tu calma,
más ansías, más trabas.
De tus frías noches
o de frías mañanas
no hay salvación alguna,
afuera de la cama,
solo esperar quedaba.
Oh, páramos, o baldíos,
mi suerte maldigo,
si me encuentro aquí,
es por algo que sigo,
pues la mágica presencia
me ha dejado vivo."

Un hombre extraño se levantó de su silla, más que el resto incluso. Sombrero picudo y una máscara que le cubría la su rostro, decidió actuar tan pronto pudo."Es el turno de mi canción, pero, antes de comenzarla, espero que hayáis prestado mucha atención, pues en efecto, ¡la compuse basándome en las vuestras!"Expectación creada, toda la taberna en vilo. ¿canción nueva? siempre que alguien traía una canción nueva, todos querían afinar su oído, para versionar la historia, para tal vez así, encontrar a una nueva leyenda de la que relatar sus hazañas.

Silencio sepulcral, sin instrumentos, solo la voz del enmascarado retumbaría ahora por todo el lugar con una vehemente intensidad, casi gutural.Se hizo escuchar, pero todos cuanto estaban ahí, incluída tu persona, no estaban preparados para lo que ibais a escuchar.

“Rezuma a la parca,
de vida es amo ahora;
pues dos han muerto
y solo queda uno.
Mas no es ninguno,
de ellos, los dos perdidos,
extraviados en el páramo
y no han vuelto.
solo un ꌅꈼꋊꁲꀯꂑꂠꂦ.”